Belly (1998) fue el primer y único largometraje del director Hype Williams, una película icónica. Una de las características más memorables fue la parte de la historia ambientada en Jamaica. Fue interesante ver cómo un director de fuera del Caribe interpretaba un estilo de vida particular dentro del país. Cuatro años más tarde, en 2002, Cess Silvera rodó otro clásico de culto entre los Estados Unidos y Jamaica, Shottas. Como Belly, se centraba en el tema de las bandas y la delincuencia, y fue bien recibida tanto en la isla como fuera de ella. Destacó por su crudeza, pero también mostró lo impactante que puede ser una película sobre el Caribe cuando la hace alguien del Caribe.

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Los directores y escritores de fuera del Caribe suelen tener un gran impacto en sus representaciones de la región. Sin embargo, se nota la diferencia con los locales. El amor por el dancehall llevó a Nick Cannon a debutar como director con King of the Dancehall, que se estrenó a finales del 2016 en el Festival Internacional de Cine de Toronto. Hubo algunas decisiones clave que Cannon tomó para asegurarse  de que la producción diera a la audiencia una mirada genuina al mundo del dancehall. Fue filmada en Jamaica y trabajó con talento jamaicano, incluyendo a la primeriza actriz Kimberly Patterson como actriz principal, el coreógrafo Jae Blaze, la co-estrella de Shottas Ky-Mani Marley y, en el papel del narrador, el cantante de dancehall Beenie Man. Con la excepción de “Luv” de Tory Lanez y “Controlla” de Drake y Popcaan, la banda sonora también es estrictamente jamaicana. Aún así, nos hizo preguntarnos cómo habría sido esta producción si se hubiera hecho desde una lente más caribeña.

cine-caribe-jamaica-shottasGuetty Felin, del director haitiano Ayiti Mon Amour fue proyectada en el Festival Internacional de Cine de Toronto el año pasado y también fue la película de apertura del Festival de Cine Third Horizon en Miami. En lugar de sumarse a la colección de producciones extranjeras que enturbian la comprensión internacional de la vida en Haití, el director utiliza las secuelas del terremoto de 2010 como telón de fondo para la historia de sus personajes que lidian con las dificultades de su propia vida, además de las del país. Ayiti Mon Amour reivindica su tierra; los diálogos son principalmente en la lengua cooficial del país, el criollo haitiano y el reparto es en su totalidad haitiano. El film celebra las comunidades locales y el pueblo de Haití, la película le da la vuelta a la representación impotente que suele hacerse del país y su gente y en su lugar pone de relieve su poder y resistencia.

El documental RasTa: A Soul’s Journey ofrece otro ejemplo. Aunque dirigida por un estadounidense, Stuart Samuels, la producción de 2011 fue escrita y producida por la jamaiquina Patricia Scarlett, y sigue a Donisha Prendergast, nieta de Bob y Rita Marley, mientras viaja por el mundo para comprender mejor el movimiento Rastafari . “El movimiento Rastafari necesita ser entendido a escala más global, fuera de Jamaica”, comparte Prendergast. “La gente a menudo piensa en un hombre que lleva dreadlocks, toca música y fuma ganja, y esa es la definición de Rastafari, sin embargo, viajé por todo el mundo y vi muchas otras cosas”.

La idea del documental le vino a Scarlett después de encontrar a rastafaris de todas las clases sociales en sus viajes de trabajo al exterior. Después de reunirse con Pendergast años más tarde, y produciendo un proyecto anterior llamado Rastafarian Then and Now: A Message to Jamaica con un presupuesto menor, fue capaz de llevar a cabo el documental para intentar cambiar el estereotipo rastafari en los medios de comunicación. “No hay mucha gente del Caribe representada por los medios de comunicación. Las pocas veces en que se presentan se hacen bajo el estereotipo del fumador de ganja, del Rastaman o apenas una persona negra que pone un acento del Caribe.”

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Pensemos en todas las películas o programas de televisión convencionales que conocemos con personajes jamaicanos: Cool Runnings con el patois forzado y, más recientemente, producciones que tienen personajes jamaiquinos poco convincentes con roles secundarios, como Power y The Get Down. Así que tenemos representación pero no es una representación precisa, y ahí está el problema.

La alternativa es proveer plataformas para que la gente del Caribe y los caribeños que viven fuera exhiban su talento. Durante 11 años, el Festival de Cine CaribbeanTales ha hecho de esta plataforma su misión y objetivo. Durante sus 13 años en la BBC, la fundadora del festival Frances-Anne Solomon vio que el contenido estaba hecho por y para gente británica, y comenzó a preguntarse por qué no había nada como así para la gente del Caribe. Ella decidió cambiar el panorama fundando el festival de cine, un programa de incubadoras para cineastas del Caribe, y una compañía de distribución, CaribbeanTales Worldwide Distribution, la primera de su tipo en el Caribe de habla inglesa. Con el conocimiento de que las industrias cinematográficas individuales en cada país caribeño serían difíciles de sostener, el festival de cine CaribbeanTales apareció como una necesidad.

“CaribbeanTales fue fundada para crear contenido y crear espacio para ese contenido, y para hacer de las películas caribeñas una marca que va más allá del post-colonialismo, es multiculturalismo”, comparte Timmia Hearn, Director de extensión. “… historias intergeneracionales; historias de gente desplazada; reclamando nuestras propias identidades. Yo diría que, en los últimos once años, el concepto de cine caribeño ha surgido y ahora no somos los únicos que tienen ese concepto. Ya no somos la única distribuidora.”

La alternativa es proveer plataformas para que la gente del Caribe y los caribeños que viven fuera exhiban su talento

La recuperación de esa voz es algo poderoso, y en el momento actual, los cineastas del Caribe están reclamando el control de cómo la gente de la región son vistos y escuchados. Los escaparates como el Festival de Cine de Trinidad y Tobago (que también celebró 11 años hace unos meses), el recién lanzado Third Horizon Film Festival y CaribbeanTales no son sólo un medio para la liberación de la creatividad, sino una herramienta política de descolonización. “Incluso si estás haciendo arte por amor al arte… siempre tiene un mensaje, siempre tiene una implicación política.” Comparte Hearn. “CaribbeanTales es un espacio donde nos enfocamos en la descolonización; nos centramos en descolonizar narrativas, descolonizar pantallas”.

Nos conocemos mejor que nadie, así que ¿por qué no deberíamos tener el poder de ser los proveedores de nuestra propia percepción? Scarlett plantea un buen tema al cuestionar la objetividad con respecto a las películas: “No importa quién cuente la historia. No creo en la objetividad. Creo que llevamos todo de nosotros mismos, nuestras historias, nuestras experiencias, a cualquier cosa que emprendamos. Es muy difícil separar eso. La gente siempre habla de objetividad. Me formaron de cierta manera por el ambiente de mi hogar, la gente con la que fui a la escuela, los miembros de la familia, y ¿cómo separar eso de ti mismo? No tengo la respuesta, pero sé que es crucial para nosotros ser los que cuentan las historias. “

En ciertos aspectos de nuestras culturas, estamos más preparados para hablar de ellos que cualquier otro. Hacer una investigación al aproximarse a espacios culturales fuera de la propia es una necesidad, así como asegurarse de que estás rodeado de un equipo y un elenco que ayude a informar a la producción, es mejor que confiar en estereotipos. Al pensar en los papeles de los directores no caribeños, o simplemente los directores que están entrando en los espacios culturales de otros, Prendergrast dice: “Creo que tienen una responsabilidad muy grande porque la persona que está decidiendo crear una película está contando una historia que no les pertenece. Incluso si la estás escribiendo o componiendo el personaje, si no se basa directamente en tu experiencia de vida,  no es tu historia. Tenemos que ser muy conscientes de eso; ser muy fieles para hacer honor a todos los elementos que han creado la razón por la que decidimos contar la historia”.

Debido a que la distancia geográfica es tan grande entre las islas y el resto del mundo, se hace mucho más fácil para la gente creer representaciones estereotipadas y construcciones de la gente caribeña. A medida que se crean más festivales y compañías de distribución para compartir las narrativas de las personas del Caribe, su existencia se convierte en un instrumento no sólo para centralizar a los directores caribeños y sus historias, sino como un medio para volver a enmarcar la forma en que se les entiende.

 

Fuente : Sharine Taylor (Large Up)
Adaptación y traducción :  Domindez